Travesía del Río Arapey en Pampero
Tres amigos navegan el río Arapey, en Uruguay, con un Pampero y un optimist de apoyo, en un fin de semana de Semana Santa rumbo a las termas del mismo nombre.
Por Martin Racedo
Parafraseando el título de un libro de cierto navegante uruguayo es que empiezo este relato que nos lleva a la tierra vecina del cual es originario el escritor mencionado.
La organización del viaje fue un tanto “de último momento” ya que empezó tan sólo unos días antes, la idea era aprovechar el fin de semana santa para ir en Pampero por el río Arapey hasta las termas del mismo nombre… qué fácil parece!! Son aproximadamente 45kms de recorrido para lo cual tendríamos 2 días y medio para ir y volver empezando del jueves ya que dos de nosotros teníamos que estar de vuelta para algunas obligaciones el sábado. Seríamos tres, Javier, Carlitos y yo; el pronóstico del tiempo no era alentador ya que suponía lluvias para el día siguiente y el viento, que dominaba del Este, rotaría al SurOeste para el sábado que no nos servía ni una cosa ni otra porque lo tendríamos siempre de frente, los días de por sí eran grises. Finalmente del Pampero llevaríamos a tiro un optimist cargado con todo lo necesario para acampar y comer los días que estuviéramos de viaje.
A la siesta del jueves estábamos preparando las cosas, llevamos el motorcito auxiliar, calentador con garrafa, batería y foco de 12V, un equipo de pesca cada uno o sea tres en total, comida bastante abundante, el disco para cocinar, carpas iglú, bolsas de dormir, ropa de abrigo, ropa de agua, 2 conservadoras, 15 lts de agua potable… uf!.. faltó el paracaídas solamente…!
Así pertrechados tiramos el optimist cargado al agua, lo cubrimos con un nylon para que no se moje nada, lo atamos al Pampero y salimos. Eran 15:30 del jueves. El viento venía del E y nosotros teníamos que ir hacia el Este, así que empezamos con los bordes con un viento que superaba los 10kts.
Seguimos sin muchas novedades y bastaaaaante lentos culpando a nuestro bote de tiro por la velocidad, así que decidimos tocar tierra alargando uno de los bordes para pasar algunas cosas al Pampero y así aliviar el dinghi para que no nos frene tanto, aprovechando que todavía teníamos luz lo hicimos en un rato, hecho esto seguimos camino… mejor dicho, seguimos haciendo bordes.
Aproveché y anoté en la cartografía que llevamos la hora y el sitio donde paramos, cartografía que se la debemos al Google Hearth que dicho sea de paso ni siquiera tiene gran detalle la zona donde iremos pero sirvió sobradamente. Anocheció y seguimos orzando con un marco de estrellas espectacular que hacía una delicia de navegación, ayudados por el viento que seguía con la misma intensidad y aunque no cambiaba de dirección nos hacía ganar terreno, yo iba al timón y realmente era un placer navegar así, hasta que grité:
-“¡La boya…!”
Orzando, por sotavento y a no más de un metro casi chocamos una boya del canal, la ví recién cuando pasó “saliendo” de la baluma del foque… segundos después la dejamos atrás y ya no se la vió más en la oscuridad de la noche. Alguien preguntó de qué color era…
-“Roja” -dijo alguien
-“Yo la ví negra!!! dijo otro…
Más tarde salió la luna para que no juguemos a los autitos chocadores con las boyas, por lo tanto vimos un poquito más y aprovechamos para elegir un lugar en la costa donde hacer el primero campamento. Buscamos desde el agua en una bahía que forma el primer arroyo que tiene el río Arapey y allí desembarcamos en la costa Oeste pasadas las 22hs. Era costa de ripio con bastante paja brava, metros más arriba una cortina que protegía una pequeña quinta y en el medio acampamos en un limpio; empezamos a preparar la cena, cuando nos damos cuenta que no trajimos pan, pequeño detalle! pero suficiente para ser la muletilla de Javier en todo el viaje.
Comimos unas chuletitas de cerdo con papas y cebollita que estuvieron para chuparse los dedos, acompañamos con masitas (a falta de pan, buenas son Criollitas…) y unos buenos vinos, sacamos algunas fotos, después armamos las carpas y a dormir.
Tipo 5 de la mañana del viernes nos levantamos con Carlitos, preparamos unos mates y con unos bizcochos desayunamos mientras observábamos que el viento, aunque con pequeñas variantes, seguía de la misma dirección lo que nos obliga a orzar nuevamente un tiempo más, “hasta que cambie” pensábamos… qué ilusos. A todas nuestras deducciones del desayuno Javier las seguía con el subconsciente, ya que conciente no estaba, a juzgar por los ronquidos que cesaron una hora después cuando recién se levantó. Todavía sin luz natural juntamos todo y calentamos algo de agua en el calentador que fue de un lado a otro buscando reparo del viento para poder terminar de calentarla; siete menos cuarto logramos elevar la temperatura del citado líquido para la infusión entrerriana y partimos también con mucho viento.
Rato después estábamos pasando por dos boyas que indicaban el viejo puente de la ruta 3, ahora sumergido; lo pasamos bien lejos por dos razones: para no chocar el puente… y para no chocar las boyas, porque… el que se quema con leche… ve una vaca y se asusta!!.
El cielo estaba amenzante, el viento fresco, el sol no pensaba salir, además el viento no nos favorecía… no que estamos haciendo acá y no durmiendo como una marmotas a esta hora! Pasión por la náutica.. que le dicen.
En esta zona ya empezamos a divisar algunos campamentos de fin de semana largo que irían aumentando en número a medida que avanzáramos, como queriendo decir “somos muchos los locos que salimos con este clima”; a lo lejos divisamos el puente nuevo de la ruta 3 y empezaron los cálculos de altura, no sé para qué porque no teníamos ningún instrumento preciso ni precisión de altura del puente, así que cualquier cálculo era cualquier cosa menos preciso! Por lo tanto pensamos tocar tierra para medirlo “a ojo” y en la eventualidad bajar el mástil, pero surgió otra mejor, navegar paralelo al puente calculando la altura así no tendríamos que parar. Yo me ocupé exclusivamente del timón y de ir paralelo al puente y mis compañeros de calcular si pasamos y así resultó que si bien no nos sobraba mucho, salimos airosos y exactamente una hora después de partir ya estábamos del otro lado del citado puente.
Después de esquivar un tramayo que estaba atravesado consultamos los mapas ya que en la zona hay varias entradas que podrían confundirnos y seguir la dirección correcta, tomamos unos puntos de guía y borde tras borde avanzábamos hacia nuestro objetivo, hasta que empezó a llover, no podía faltar. De todos modos fue por poco tiempo y no la pasamos mal, al rato ya nos estábamos despejando de la ropa de agua y habíamos disfrutado mucho la navegación con lluvia.
Ya antes de cruzar el puente y viendo la escasa velocidad que traíamos rondaba la idea de esconder nuestro optimist y buscarlo a la vuelta, idea que se hizo oir cuando se empezó a desacomodar el nylon que traía encima para proteger las cosas del agua, así que desde allí empezamos a buscar un lugar donde esconderlo. Aprovechamos una costa con reparo del viento para trabajar tranquilos y pasamos las cosas que pudiéramos necesitar más adelante al pampero y lo demás lo dejamos todo y sin derramar una lágrima abandonamos el barquito oculto tras unas plantas exactamente a las 12:30 y partimos… bastante más rápido que antes.
En este punto, y desde un poco antes inclusive, ninguno de nosotros conocía la zona ya que hasta el puente sí habíamos navegado algunos más, otro menos.
Según los mapas nos dirigíamos a dos grandes curvas que hace el río con abundancia de islas, siendo la primera la más grande de ellas, seguímos con los bordes y con el tiempo nublado y al poco tiempo ya la divisamos. Rodeamos la nombrada isla por el paso más corto quedándonos ésta a estribor, digo esto porque el canal navegable está por el lado contrario pero nosotros teníamos calado y no había peligro. Esta isla es sólo vegetación hasta el agua y no vimos tierra firme en ella, la espesura avanza hasta el mismo borde del agua formando un paisaje único.
Al mismo tiempo y por el lado de babor divisamos una casa en lo alto de una loma, rodeada de árboles hasta que casi no se la distinguía, muchos metros más abajo y sobre la costa un galpón que pertenecía al mismo propietario, notamos que éste sujeto aparentemente al vernos desde allá arriba montó su utilitario blanco tipo partner, kangoo o similar y desde la cima bajó a gran velocidad hasta quedar delante del galpón entre éste y la costa. Todo tipo de deducciones de nuestra parte. Así fuimos pasando delante de él pero a muchos metros, nosotros navegando y la camioneta estacionada en la costa, hasta que salió el sujeto sin apartarse de la puerta, estuvo así unos instantes, se volvió a subir y se fue cuando ya lo habíamos dejado atrás. Antes de esto saludamos casi con la seguridad que nos estaba observando con prismáticos y dejamos atrás el sitio. ¿Por qué cuento esto? Porque al otro día y de regreso pasando por el mismo sitio sacamos una foto al galpón para leer unas inscripciones que tenía y a simple vista no se leía por la distancia ¿qué decía? “ABRA MUERE”… qué momento y nosotros ignoradolo!!! y no sólo eso sino que lo descubrimos al otro día!! menos mal que no nos acercamos, capaz ligamos un hueco en el casco…
Bué… así seguimos, y con novedades. A medida que avanzábamos el viento (siempre de frente! uf..) empieza a disminuir de a poco, el río se empieza a angostar en esta zona y empezamos a ver a los lados restos de árboles sobresaliendo del agua. Los bordes se hacían más cortitos para no enganchar nada, el viento que se estaba cansando de soplar y la corriente se hacía sentir (en contra por supuesto ¿hay algo más que se ponga en nuestra contra??). Calculen que a estas horas totalizábamos unas 14 o 15 horas de navegación así que cualquiera cosa que hiciera el otro estaba mal, por más que esté bien. Cada uno corregía al otro así: -“no tan acá..”, “más allá…”, “no tan contra la costa!…”, “cazá más la vela…”. Y yo que tenía que cambiarme de lugar cada rato ya ni me quería mover, ya teníamos la popa sin raya!
¿Qué más podría faltar? si!! se nos paró el viento!
Para ese entonces Javier había abierto un pote de queso untable que acompañábamos con unas fajitas, una especie de masitas estiradas, con el siguiente trabajo: hundir la fajita en el pote, sacarla tipo cuchara, la fajita se quiebra, entonces se saca una mitad y con la otra mitad se repite la operación… de gordos lo nuestro. Por supuesto que no quedó nada…
Según lo planeado, liquidado el quesito, y ya sin viento fijamos un lugar en tierra para parar y poner el motor auxiliar ya que casi ni nos movíamos; vimos más adelante una lancha con dos personas de sexo opuesto fingiendo disfrutar de un día de pesca, cosa que seguramente no estaban haciendo, pero debido a nuestra cercana presencia tampoco lo estaban haciendo. Rato después arrancaron y se marcharon río arriba cuando ya se desdibujaba el horizonte por una lluvia que al rato nos sorprendería en plena instalación de motor. Se transformó en un paisaje hermoso, lluvia sin viento cayendo sobre un río espejado y con el fondo de árboles, muy lindo.
Así arrancamos el motor pretendiendo llegar a las termas de una vez por todas, enseguida pasamos debajo de un puente ferroviario construido enteramente de hierro y luego de dibujar la última curva de nuestro itinerario divisamos por fin algo de civilización, llegamos finalmente a nuestro destino siendo las 16:30.
Buscamos un muelle que antes estaba y ya no existía así que atracamos en una empinada parte del camping del complejo termal, seguía lloviendo así que sacamos lo que precisaríamos protegido con bolsas de nylon y nos fuimos a darnos una merecida ducha termal después de 17 horas de viaje y tres millones de bordes.
Pasamos en una pileta un buen rato, sacamos unas fotos y fuimos a comprar pan para alegría de Javier, sacamos una conservadora con el bebible del barco y fuimos al camping a ver dónde nos instalábamos!, hay que tener en cuenta que estaba lleno de gente, encima llovía y ya no había sol, pero sopresivamnte encontramos un quincho techado con dos mesas desocupadas, así que procedimos a darle ocupación inmediatamente.
Al lado nuestro una familia con varios chicos hacían camping y por ahí cruzábamos unas palabras. Nos pusimos ropa seca, ¡que alivio!! Después hicimos una picada con un aperitivo y terminada la cena acomodamos y pusimos a secar la ropa mojada. La lluvia era cada vez más intensa y como estabamos taaaaan cómodos, armamos las carpas iglú allí mismo y al rato ya estábamos horizontales todos.
Día Sábado, nos levantamos 6 de la mañana preparados para volver, la lluvia había pasado y el viento no sabemos si pasó o no pero no estaba; después de cargar todo en el barco y darles de comer a los mosquitos emprendimos el regreso a motor que, dicho sea de paso, se hizo rogar un poco para arrancar. El río había subido unos cuantos centímetros, eran las 7, empezaba a aclarar y el primer mate inauguró el viaje de regreso.
Seguimos sin una gota de viento y Carlitos se entretenía sacando fotos mientras yo hacía algunas anotaciones y Javier timoneaba. Cuando aproximadamente una hora después de salir y sin avisar se paró el motor, las declaraciones del timonel de turno fueron:
-“… no me pregunten que pasó! eh?!”
Teniendo en cuenta que es el dueño del motor y avezado mecánico con años de experiencia en el rubro, tales declaraciones ponen la piel de gallina al aventurero más extremo. Por suerte arrancó pero no sin antes insistir con la piola un buen rato.
Pasamos luego por el galpón con amenazantes inscripciones de las cuales conté más arriba, fotografiamos la fauna había en el lugar muy escasa por cierto, casi ni aves había a excepción de algunos teros, martinetas y caranchos; casi dos horas después de partir estábamos juntando del escondite nuestra embarcación de carga para seguir viaje. Empezó a soplar algo de viento, para nuestra sorpresa Sur-Oeste!! o sea de frente ¿justo hoy le acierta el Servicio Meterológico? obvio, seguimos a motor.
9:20hs. estábamos pasando debajo del puente nuevamente y cruzamos algunas palabras con dos personas que estaban pasando y se detuvieron a mirarnos, casi a las 10 empezamos a preparar una picada a bordo con lo que nos quedó del viaje que fue bastante y media hora después pasamos por el lugar donde acampamos el jueves por la noche que para nuestra sorpresa tenía un enorme techo construido a metros de donde estábamos pero que no habíamos visto cuando estuvimos ahí el jueves.
Ya de aquí en adelante todo va sobre rieles, empezamos a divisar las playas de Santa Ana y al rato la ciudad de Federación, vemos a lo lejos que tres veleros se alejan de la ciudad rumbo a Concordia y que seguro habían pasado algunos días en la ciudad.
Mucha gente en la costa, algunos paseando, otros pescando y aprovechaban para observarnos mientras costeábamos, salía el sol de a ratos y empezamos a desabrigarnos casi llegando a puerto.
Algunas fotos para registrar la llegada, tanto de tierra como desde el agua hicieron que nuestros corresponsales se sacaran fotos el uno al otro y llegamos al final de la singladura de semana santa con un excelente viaje y mejor final. Será hasta la próxima, dentro de poco calculo.