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Nº9 Pág. 7 Nota Ala delta

Consejos para perder el miedo a volar

Por qué el aire sostiene a un avión como el pavimento sostiene a un auto, y cómo enfrentar el miedo y el mareo.

Por Damián Rosi

Para todos aquellos que sienten que se están perdiendo de algo por culpa del miedo a volar, acá van algunos consejos que tal vez les sean de utilidad.

El ser humano teme a las amenazas reales, pero principalmente teme a lo desconocido. En el caso del avión, en primer lugar, le teme al hecho de estar en el aire, sin apoyo, en el vacío, como dicen algunos. Claro que lo del aire es cierto, pero el aire no es el vacío. De hecho, para el avión es tan sólido como el pavimento para el auto, las vías para el tren o el agua para el barco. Como ex-paracaidista puedo dar fe de la solidez del aire durante la caída libre, y sobre la dureza del agua pueden hablar los que se han tirado a una pileta desde un trampolín y cayeron de panza.

La única diferencia que hay entre el pavimento, el agua y el aire es que los tres tienen diferente densidad. Por eso, para apoyarse y trasladarse sobre ellos, los medios terrestres tienen ruedas, los náuticos tienen cascos o flotadores y los aviones tienen elementos sustentadores, o sea, las alas. Las alas son las verdaderas “ruedas” del avión.

Pero el aire tiene una característica especial que lo distingue de los otros dos elementos mencionados, y es su “tridimensionalidad”. Esto quiere decir que se puede estar un poco más arriba, un poco más abajo, o desviado de la trayectoria.

Hay que destacar que ninguna aeronave con alas necesita de sus motores para volar. ¿Cómo es eso? Los motores son para impulsar a la nave hacia adelante, para que la corriente de aire que pasa por sus alas produzca la reacción sustentatoria que la sostenga en el aire. No son los motores los que mantienen en el aire a una aeronave.

¿Qué pasaría si un avión no tuviese motores? No despegaría, claro, porque ninguna fuerza lo impulsaría hacia adelante. Pero si estuviese ya en el aire, y le apagáramos todos los motores, seguiría volando, aunque para lograr aquel desplazamiento hacia adelante que decíamos, debería ir bajando poco a poco. Perdiendo altura lentamente.

¿Y para aterrizar? Para aterrizar no hay ningún problema. No es necesario tener potencia aplicada al aterrizar, ni al descender; no se la necesita.

Mucha gente teme que se desprenda un ala, la cola, o algo terrible como eso. Los fabricantes modernos usan la tecnología llamada “fail-safe”, que consiste en que cada elemento estructural está duplicado, o incluso triplicado; o sea que, se rompa lo que se rompa, quedará intacto un elemento que resistirá todo el esfuerzo.

Prácticamente todos los accidentes que se suceden son causados por fallas humanas, muchos encadenados, en realidad, porque uno sólo no es capaz tampoco de provocar un accidente fatal.

Para no marearse, hay que comer y beber normalmente, e intentar mirar hacia afuera. Si hay visibilidad, el paisaje es la mejor prevención contra el mareo. Un punto de referencia lejano es lo mejor. Las propias nubes, si no se ve el suelo. Cuando uno se acostumbra a no marearse, se puede hacer cualquier cosa durante el vuelo sin que ese molesto acontecimiento se produzca.

Es que el mareo es algo psicológico. Los pilotos no se marean, y los pasajeros, a medida que se van acostumbrando, cada vez menos.

Ahora, con todo lo que hemos leído, va siendo hora de dar el primer paso y animarse a enfrentar el temor a volar. Claramente el poder está dentro de uno. ¿Por qué no disfrutar de una experiencia maravillosa, volando entre las nubes, viendo todo desde un punto de vista único? Es solo cuestión de proponérselo.

Damián Rosi, VUELO MÁXIMO, Escuela de vuelo en Aladelta y trike. www.vuelomaximo.com.ar

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