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Nº12 Pág. 10 Nota Ala delta

Recordando a Angelo D'Arrigo, el Hombre Pájaro

Un recorrido por las hazañas de Angelo D'Arrigo, desde el Everest hasta el Aconcagua, pasando por su vuelo con grullas siberianas.

Por Damian Rosi

El ornitólogo Angelo D’Arrigo era conocido por diversos sobrenombres, entre ellos el hombre pájaro o el cóndor humano.

El 24 de mayo de 2004, D’Arrigo sorprendió a un grupo de escaladores que se encontraban a punto de hacer cumbre en el monte Everest, cuando se lanzó en picada en un parapente sin motor desde una altura de casi 9.000 metros hasta situarse por encima de sus cabezas, muy próximo a ellos. Nadie hasta entonces había logrado una hazaña semejante ni tampoco nadie la ha podido repetir.

El lema de D’Arrigo era los límites no existen, un slogan que llevaba siempre inscripto en su casco y que, a la vez, utilizaba como dirección de correo electrónico. Aunque nació en Francia, D’Arrigo, hijo de padre siciliano y madre francesa, vivió casi siempre en Italia. Terminó la licenciatura en Educación Física antes de dedicarse a la práctica de deportes extremos, particularmente el parapente y los vuelos en ultraligero.

En 2003, D’Arrigo, a bordo de un parapente a motor y en su calidad de miembro integrante de un proyecto ornitológico ruso, guió a toda una bandada de grullas siberianas occidentales -una especie en peligro de extinción-, nacidas en cautividad, a través de 3.400 millas (unos 5.450 kilómetros), con la finalidad de mostrarles las rutas migratorias tradicionales de su especie, desde el Círculo Ártico hasta las costas del mar Caspio, a través de toda Siberia.

Tanto él como las grullas tuvieron que volar más de 120 millas durante seis horas cada día hasta llegar a su destino. Durante el viaje, D’Arrigo se dedicó, además, a enseñar a las aves a ahorrar energías, sacando provecho, para ello, de las corrientes termales ascendentes. Y también sería el propio D’Arrigo quien escogiera los lugares de descanso más apropiados para pasar la noche. Dos años antes de esta aventura, el intrépido aventurero había completado el primer vuelo libre sobre la totalidad del desierto del Sáhara y del mar Mediterráneo, en seguimiento de las rutas migratorias del halcón del desierto.

Además, D’Arrigo realizó el primer vuelo en aladelta sobre el Aconcagua, a comienzos de 2006. El aladelta fue diseñada por un ingeniero que trabajó para la NASA. Fue construida en fibra de carbono, Keviar, poliéster y aluminio aeronáutico. “Estudiamos a los cóndores, analizamos su técnica para volar y así poder imitarlos”, dijo en su momento. Para trepar cerca de los ocho mil metros, D’Arrigo se conectó a un tubo de oxígeno porque el mayor riesgo de la expedición era que por la altura y la falta de oxígeno sufriera una embolia pulmonar.

Angelo D’Arrigo fue, es y seguirá siendo un ejemplo de vida para todos aquellos amantes del vuelo y la naturaleza.

Fuentes: www.elpais.es / www.clarin.com / www.angelodarrigo.com

Fotos: www.angelodarrigo.com

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